Tengo una depresión postvacacional, una inmensa depresión moderna que se da cuando te vas de vacaciones y no sólo regresas a la rutina, sino que regresas para escuchar que es probable que el próximo presidente de tu tan maltratado país sea el mismísimo lucifer.
Pero no quiero ahondar en el tema, ya tan manoseado.
La tristeza se viene después de largos días de inmensa felicidad en la playa. Y con esto no quiero decir, que me enamoré furtivamente de un gringo cinco años mayor que yo, que se depila la espalda y toma vodka con arándano. Por supuesto que no.
La depresión se viene cuando regresas a la ciudad después de haber nadado con el ex en alguna playa de Oaxaca.
Lo interesante está en que después de haber visto una película gringa, (de esas que no se ven el cine), descubrí que "el ex" que yo tengo, no es un ex cualquiera.
Aquí va el asombro, descubrí que es mi "fellow partner" algo así como el compañero de tu vida, ése con el que te tatuarías el rostro expresivo de Thom Yorke en el brazo, o alguna jalada de ese tipo.
La cuestión es, que comprendí que no es necesario llorar al mismo tiempo para darse cuenta que dos personas se entienden, pero es invariablemente necesario que dos personas se rían al mismo tiempo, para comprobar que pueden pasar el resto de sus días juntos, al menos para caminar por el malecón juntos de la mano.
Yo te amo porque no es necesario estar contigo para tenerte.