domingo, 8 de junio de 2014

El gato que está triste y azul

                                                                      “Carla se escribe con C”.
                                                                                 Mi papá



Es la primera vez que escribo primero el título antes que el relato.
Supuse en un principio que no hay y no existe manera de comenzar a contar mi historia más triste. Pero aquí estoy; de nuevo frente a mi terapia más efectiva sin saber como comenzar.

“El gato que está triste y azul” es la canción que escuché desde que era pequeñita; nunca entendí lo que -Roberto Carlos- quería decir, pero me quedó grabado en la mente que existían gatos tristes y aunque pareciera increíble también eran azules.
Y así también desde pequeñita entendí que existían papás con cabello blanco y mientras todos los niños pensaban que mi papá era Santa Claus o mi abuelo, yo no me cansaba de repetirles que ni Santa, ni mi abuelo. Simplemente mi pá.
También entendí que existían kilómetros de distancia que nos separaban y aún por teléfono me dabas la bendición.
Entendí que tenía que reír contigo cuando contabas chistes para que no rieras solo. -Me daba más risa escuchar tu risa que el propio chiste-.
Entendí que para ti hat-dog era lo mismo que hot-dog y que cuando hablabas de la jaletina te referías exactamente a la gelatina. 
Entendí que decir “güey” era lo proporcional a que te molestaras conmigo.
Entendí que me querías hasta cuando te enojabas y nos separaban kilómetros de orgullo entre los dos. Y que un abrazo tuyo era lo equivalente a decirme lo mucho que amabas.
También entendí que nuestras circunstancias eran distintas y que aún así lloramos juntos el día que me gradué.
Entendí que no existe otro hombre en el planeta que se asemeje a la valentía que siempre tuviste. Ni mucho menos al amor y al apoyo que me brindaste.

Ahora, quisiera entender por qué no te abrasé más fuerte el último día que te vi y por qué no hablé lo suficiente.
Saber que ya no estas, se siente como un nudo caliente en la garganta, en la boca del estómago. Se siente un escalofrío constante cuando escucho tu nombre.
Hay días que logro entenderlo todo y me resigno a saber que ya no estás. También existen días como hoy que no entiendo nada y siento que dejamos descompuesto nuestro corazón y nunca lo pude reparar.
Hay días que me lleno de hubieras que no llegan a sanar nada.

Así existen días; de nudos en la garganta y de gatos tristes y azules.

Te amo hasta siempre pá.


sábado, 15 de marzo de 2014

Comenzar a entender

Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. 
José Ortega y Gasset. 

Todo sería más fácil si las únicas decisiones que tuviéramos que tomar se basaran en elegir entre tomar whisky o escuchar folk. Quizás simplemente elegiría las dos. 
La verdad o rectifico; la cabrona verdad es, que cuando sea grande, nunca dejaré de preocuparme por las decisiones que debo tomar, para no convertirme en una hermosa hipersensible, inadaptada y freak. Es de mis pendejos miedos más grandes y probablemente el de muchos. 
Entender que hay gente para todo; en términos formales, hay muchos episodios de vida y algunos son mayormente aventureros y otros simplemente son. 
Probablemente los míos simplemente sean,  pero son muy para mí. Como diría Drexler  "la vida es más compleja de lo que parece".

Existe un largo etcétera de porqués en la vida de todos, los míos son incontables y nunca sé contar mis historias con mucho detalle. Porque a veces  duelen y a veces se convierten en episodios fantasiosos que cuestan trabajo respirar. En parte, por un pequeño genuino sufrimiento sobre la existencia y lo otro por un poquito de querer llorar; que hace falta, mucha falta, cuando tus etcéteras se quedan en silencio. 
De nudos en la garganta lo sé todo y me terminan gustando. Como cuando te duele pero se quiere seguir; pues, ¿qué haríamos si paramos de hacer lo que más nos gusta simplemente porque nos empieza a doler?

Así resumo la vida. Que nos duela tantito para que nos guste más. 


miércoles, 16 de octubre de 2013

"La vida es tan bonita que parece de verdad"

Hace un año me encontraba en otro continente, donde el viento sopla en sentido contrario y las palabras se escuchan diferente. Vivía justamente para descubrir nuevos lugares y conocer la mayor cantidad de personas en corto tiempo. 
Me entretenía buscando sabor a todo lo que comía, me acompañaba de dos amigos maravillosos que reían todo el día y la música se ajustaba a mi ánimo de quinceañera feliz.    
Es un hecho que hace un año era más joven y la coca cola sabía igual.

Cumplí 23, dejé de ser estudiante y comenzó la vida adulta; decidí integrarme a las normas sociales y dejar la vida contemplativa. 
-Sólo de pensarlo los ojos se me ponen serios y se me vienen cinco años de chingadazo. -
Así que a dos meses de que mi edad cambiara, decidí dar un salto. Uno no muy largo, pero que conlleva una maleta de 25 kilos, una mochila, una computadora y un avión que aterrizó muy cerca de la playa. 
La incertidumbre duerme junto a mi y la seguridad se amanece conmigo cuando me doy cuenta que este pequeño lugar, me está brindando todo lo que siempre había planeado para mi. 
Ahora se me juntan un montón de sentimientos y me dan ganas de ser como Fito para estar al lado del camino. Tomar una botella de vino y ver el amanecer a la orilla del mar. 

Sólo me queda asegurar que, "la vida es tan bonita que parece de verdad".  

Frase de la película "Carmina o revienta". 

jueves, 22 de agosto de 2013

Para románticos no empedernidos, es decepcionante...

Amar al mismo tiempo pero no compartir el mismo lugar o amar en destiempo; amar antes, amar primero o amar después, pero nunca al mismo tiempo. 

Entender esta hermosa ironía y fumarse un cigarro para no llorar. 



martes, 25 de junio de 2013

Si quieres


Si quieres
hablamos
o nos pensamos
nos escondemos
te busco
o nos miramos
nos queremos
y nos prometemos algo
o nada
si quieres me voy
nos olvidamos 
contamos una historia diferente 
y ya está.


sábado, 18 de mayo de 2013

Si yo fuera hombre


Si fuera hombre, sería un snob, con barba rasposa, cuerpo de dimensiones medianas, cejas pobladas, mirada profunda y un montón de falsa sabiduría para fanfarronear y enamorar a las mujeres. Tendría gusto por el amor didáctico y la belleza latina. 
Asumiría jamás casarme y buscaría mujeres alocadas, que no esperan a las segundas citas, que se ríen fuerte , se azotan en público y se emborrachan sin pudor. 

Si fuera hombre mis días serían muy divertidos, no culparía al género por falta de destreza al volante, viviría en la Roma o en la Condesa, tendría un montón de películas de arte para farolear y me autoproclamaría director de cine. Haría sesiones de fotos a mujeres desnudas, las llevaría a tomar vino para hablar de Lars von Trier sin que me entiendan. Se enamorarían de mi y yo las dejaría tan pronto se me acabara el cigarro. 
Si fuera hombre sería uno muy ejemplar, tendría un karma de la chingada pero me relajaría más. 


Que no se malentienda, a mi esos gustos se me quitaron a los 19 y ahora solo lloriqueo porque llevo dos meses sin comer chocolate. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Del día que lloramos juntos con la certeza de volvernos a ver



De la serie; te dejé Madrid para regresar a Puebla. 

Me fui con más de cinco razones para regresar, seis kilos arriba y tres centímetros más de cabello. 
Regresé y la incertidumbre le está dando la bienvenida a la vida adulta y yo con las mismas preguntas ridículamente existenciales. 

Me entiendo descontrolada, entre mi entusiasmo por volver a verlo y  las adversas circunstancias sociales que falsamente  le dan la vuelta al mundo. 
En tierras lejanas uno se vuelve más libre en la cuestión emocional y fácilmente te dejas empalagar por los bonitos paisajes que se cruzan.
Me obligaba a conocer lugares nuevos por semana y me convertí en turista experta en comer y reír. Estudiante mexicana, maestrasa en cagarla cuando había que hablar claro castellano y por sobre todas las cosas; chavita frustrada por mi incapacidad de gritar las cosas que sentía en el estómago, cuando el hombrecito con  ángel en el nombre, me veía con eso que yo creía era algo parecido al "encanto pasajero". 
Ése que se da, cuando sabes que se tiene el tiempo contado y la supuesta querencia no sobrepasa fronteras, por aquello del ya tan manoseado amor a distancia del que se trata de alejar todo mundo. 


No puedo alegar mi modesto sentir; pero es que el alcance de mis clichés siempre me convertían en el personaje antagónico que rivalizaba con la belleza falsa y la virtud de la protagonista virginal de cualquier telenovela mexicana y ahora hasta me sorprendo de mi bonito querer. 


Como Benedetti, sin buscar nada me fueron a encontrar, para enseñarme que el invierno tiene más colores, que fumar no es bueno, que mi inglés es descaradamente fluido después de tomar tequila y que lo romántico de acostarse está en dormir.  
Un mes después, chocolates con mi nombre encontró y ésa es mi modesta justificación para explicar porqué se me descontrola la emoción. 
Después de 128 horas caí en cuenta que México y San Francisco sólo se besan en Madrid y por esa razón hay días que se me llenan los ojos de angustia, río mientras lloro y por las noches hasta escucho a Sanz.


En fin, a mi regreso encontré este lugar lleno de pura basura orgánica, yo nada más espero que algún día le salgan florecitas, conocer Puerto Rico y volver a verlo o volverlo a ver.  



Continuará... (o eso me prometió el tarot)