miércoles, 14 de noviembre de 2012

Un ridículo "chick-flick" en Madrid

El relato que viene a continuación no es un melodrama. Es un chick flick mexicano en España, con un hermoso principio y un final tan predecible como canción de Timbiriche. 

Ayer me dijeron que no existe el "me gustaría", ni el "quiero" y del "hubiera" no hablamos porque no entra en nuestro léxico.
Lo que se quiere se debe estar haciendo y así me pasó por primera vez.
Queriendo desde los catorce años reencontrarme con el amor platónico y en España me vino a encontrar. Años y años que me duraron las ganas de verlo por guapo muy guapo. 
Sin querer lo vine a encontrar a mis veintidós. Guapo más guapo, alto, con la mirada profunda, la sonrisa coqueta, el andar seguro, la actitud relajada y las palabras sueltas. De esos hombrecitos que no se conflictúan y cuando se enamoran, lo hacen de mujeres poco confundidas, acosadoras, que les da oso despeinarse y  desdeñosas de tipos descuidados. 
¡No lo juzgo! Si fuera hombre me gustaría una niña fresa para presentarle a mi madre y un amor platónico que le guste despeinarse.
O sea.

En fin, cuando las manos se ajustan a la primera, es casi seguro que los besos se coordinan y por esa hermosa razón, pasaré tres días más sonriendo como babosa. 
Así, bien cursi. Ya sé. 
El cuento nos duró un día y en mi cabeza tres. Soy de fácil desenamoramiento cuando no me enajeno. 

Una vez más, compruebo que tengo imán para lo poco probable, lo corto de tiempo, lo incierto y platónico; siempre platónico…

Mi conflicto está en que no tengo disciplina de acosadora, no me da oso despeinarme y  me enajeno hasta el hartazgo cuando algo me gusta mucho. 



lunes, 15 de octubre de 2012

Mentiras madrileñas


En unos días se cumplirá un mes de mi estancia en Madrid y después de realizar los ya conocidos recorridos de turista, la segunda cosa que hago con demasiada continuidad, es comer. 
Ningún platillo elaborado; la economía no da para más que dos comidas al día, cereal de postre y Coca-Cola los domingos.   
Seguramente el clima, la gente  y la desconfianza hacen que me de hambre. Probablemente  es la ansiedad de saberme en un lugar donde la gente te mira a los ojos y te dice "hasta luego" con la certeza de jamás volverte a ver. 
Un "hasta luego" que con los ojos grita "bye, chao, adiós, hasta nunca". 
Es un hecho que el "hasta luego" de España no es igual que en México. 
Mentiras gratuitas madrileñas.
Puras falsas promesas de los españoles al decir "hasta luego", sabiendo que sus besos dobles son despedidas sin esperanza de reencuentro. 

Por lo pronto he pasado los días contando que el tiempo se pasa más rápido, sintiendo el viento que sopla más hacia mi izquierda y escuchando folk ridículo que sólo nos gusta a algunos. 
Si algo he aprendido, es a perderme y debo decir que es el primer paso para comenzar con la parte divertida de esta ciudad. 
Que las cosas bonitas han llegado solas y las malas me las encuentro por pura mala decisión. 
De las inmundicias y pecados que he cometido no hablaré, pues mis nuevas experiencias no me dan para escribir con perfil de mujer vivida, viajada y medicada por el desamor. 

Yo, sólo espero que en diciembre se me quite el hambre y me llegue la inspiración invernal europea de la que hablan algunos escritores. 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Tengo ideas para nosotros, pero no a nosotros.

Hoy de pronto fue otoño y me llegó la enfermedad emocional que se da cuando la luna se pone cursi y solo de verla te llegan los recuerdos de señorita adolescente que padecí alguna vez, cuando a mis trece años las caminatas por la colonia sellaron mi destino.  
Nunca he sido buena con recordar fechas, ni números de teléfono, ni edades, ni cumpleaños; ni siquiera soy capaz de saber si el mes en curso tiene treinta o treinta y un días. 

En fin, no soy buena para recordar números, pero la nostalgia que se me atora en la garganta, me hace recordar el único número de teléfono que aún me se; uno que tiene nombre y tiene  unos veintiocho o treinta veranos vividos -nunca lo he sabido y supongo que jamás lo sabré-. 

Me es más fácil entender la explicación de los mayas o la religión acerca del fin del mundo, las huelgas en Chile, a mi madre enojada por razones ilógicas, los bloques en latinoamérica, la tercera posible guerra mundial en todo continente y hasta las elecciones en México.  Todo eso lo puedo comprender, pero no entiendo porque su número está clavado en mi memoria selectiva y mi corazón se hace chiquito de recordarlo a él . 
Entonces me doy cuenta que es mejor no pensarlo, escapar a ratos, entrar en temas que comprendo más; porque entendí que cuando sabes de amor, se sabe de sobra que lo mejor es guardar silencio
Y es eso lo que he hecho en todos estos años, guardar silencio para no caer en el peligro de buscarlo. 

Siempre tuve grandes ideas para estar con él, pasar más de ocho horas juntos y entendernos para enamorarnos de verdad. Pensaba en acomodar nuestras vidas y ser libre para dar unos pasos y besarlo, hacer un reloj de arena que durara una eternidad y así estar juntos. Siempre tuve ideas para nosotros pero no a nosotros.. 
Nunca se lo he dicho y no pienso hacerlo, porque  se sabe que las palabras no curan el corazón. 
Un día se nos escapo el sentir por las manos y no volvimos a saber querer. 
Pero no importa, todavía no importa porque aún tengo fe; porque él conoce la paciencia y a mi no me gusta perder. 

Así que prefiero no saber nada de él hasta el día que deje de ser restringido.
Que sea inesperado, que yo sea más bella y no sepamos guardar silencio; que el reloj de arena dure una eternidad y mi edad sea la adecuada para entenderlo a él. 

lunes, 6 de agosto de 2012

Teorías para bostezar


Hay teorías de todo y para todos, algunas están esperando a que alguien las diga y otras que están hartas de ser tan repetidas. Son el reflejo de algunos relatos inteligentes, cursis, burlones o guarrones que alguna vez fueron pensamientos de personas inteligentes, cursis, etc. 
De pensamientos a relatos, de relatos a teorías sólo hace falta que la estrella intelectual, el rockstar guanábana, la madre preocupada, el escritor inculto, el estudiante de ojitos pispiretos o la mujer enamorada las diga para que sean escuchadas. 
Por eso  hay personas que necesitan escuchar para poder leer y hay otras que ni escuchan ni leen. 
Hay teorías que vale la pena escuchar porque te saben a que comprenden lo que callas, a que contestan lo que preguntas, a que te cantan lo que quieres ser, a que te gustan como dos que se besan en la misma cama. Como la diversidad, hay teorías que simplemente son otras. 
A mi me gustan las teorías con cinismo decente que me dicen lo que soy, un poquito en silencio, tantito y aveces en bajito. 
Sucede que si me las repiten demasiado prefiero confundirme en otra estructura social, convertirme en el empacho de otro, para pasar a ser de las que ni escuchan ni leen.
Mi teoría es la siguiente:
Si escucho las misma teoría muchas veces, me pasa como cuando escucho la misma canción por vigésima octava vez, ya no me sabe a nada. 

martes, 10 de julio de 2012

Mi depresión postvacacional



Tengo una depresión postvacacional, una inmensa depresión moderna que se da cuando te vas de vacaciones y no sólo regresas a la rutina, sino que regresas para escuchar que es probable que el próximo presidente de tu tan maltratado país sea  el mismísimo lucifer. 
Pero no quiero ahondar en el tema, ya tan manoseado. 

La tristeza se viene después de largos días de inmensa felicidad en la playa. Y con esto no quiero decir, que me enamoré furtivamente de un gringo cinco años mayor que yo, que se depila la espalda y toma vodka con arándano. Por supuesto que no. 

La depresión se viene cuando regresas a la ciudad después de haber nadado con el ex en alguna playa de  Oaxaca.
Lo interesante está en que después de haber visto una película gringa, (de esas que no se ven el cine), descubrí que "el ex" que yo tengo, no es un ex cualquiera. 
Aquí va el asombro, descubrí que es mi "fellow partner" algo así como el compañero de tu vida, ése con el que te tatuarías el rostro expresivo de Thom Yorke en el brazo, o alguna jalada de ese tipo. 

La cuestión es, que comprendí que no es necesario llorar al mismo tiempo para darse cuenta que dos personas se entienden, pero es invariablemente necesario que dos personas se rían al mismo tiempo, para comprobar que pueden pasar el resto de sus días juntos, al menos para caminar por el malecón juntos de la mano. 

Yo te amo porque no es necesario estar contigo para tenerte. 

lunes, 4 de junio de 2012

Encontrarse a uno mismo en tiempo de elecciones


Tratando de revivir este lindísimo blog por más de un año, y temo decir que trabajo me está costando porque no es lo mismo hace dos años que hace uno y con tanta información ya está muy difícil que sus costumbres tecnológicas se quieran acercar a mis palabras.
Que han pasado muchas cosas y a la vez nada, porque aquí estoy de nuevo como banquita de parque público, bien apartada escuchando las historias de todos y esperando a que alguien se digne a preguntarle a la banca de que color le gustaría que la pintaran. Tonterías del surrealismo moderno.

Habrán de saber que sus abuelos no tenían tiempo para andar pensando en "como encontrarse a ellos mismos" y a la vez andar leyendo las mamadas de Deepak Chopra.
Y es que ahora, como todos andan muy inmersos en la política, no hay manera de "encontrarse a uno mismo" si  andamos primero buscando a quién elegir para que nos jodan. 

Disculpen si los temas son variados, pero es que ya no encuentro la concentración ni el baño, porque en todo este año, ya escuché una cantidad moderada de discos completos que no le gustan ni a mi mejor amigo, no he reído la misma cantidad de veces que he llorado, ni he besado a un solo hombrecito decente para presentarle a mi padre. 

Todo esto se escucha trágico y sí lo es, sobre todo en las mañanas, porque cuando llega la noche las ganas de encontrarse a uno mismo se quitan y ya andan todos pensando a dónde van a bailar. 

En fin, todo esto de la "encontradera" sucede en la transición de escribir un relato donde se prevenga de enfermarse de estos males que yo pensaba solo padecía la gente "pudiente".