miércoles, 13 de marzo de 2013

Del día que lloramos juntos con la certeza de volvernos a ver



De la serie; te dejé Madrid para regresar a Puebla. 

Me fui con más de cinco razones para regresar, seis kilos arriba y tres centímetros más de cabello. 
Regresé y la incertidumbre le está dando la bienvenida a la vida adulta y yo con las mismas preguntas ridículamente existenciales. 

Me entiendo descontrolada, entre mi entusiasmo por volver a verlo y  las adversas circunstancias sociales que falsamente  le dan la vuelta al mundo. 
En tierras lejanas uno se vuelve más libre en la cuestión emocional y fácilmente te dejas empalagar por los bonitos paisajes que se cruzan.
Me obligaba a conocer lugares nuevos por semana y me convertí en turista experta en comer y reír. Estudiante mexicana, maestrasa en cagarla cuando había que hablar claro castellano y por sobre todas las cosas; chavita frustrada por mi incapacidad de gritar las cosas que sentía en el estómago, cuando el hombrecito con  ángel en el nombre, me veía con eso que yo creía era algo parecido al "encanto pasajero". 
Ése que se da, cuando sabes que se tiene el tiempo contado y la supuesta querencia no sobrepasa fronteras, por aquello del ya tan manoseado amor a distancia del que se trata de alejar todo mundo. 


No puedo alegar mi modesto sentir; pero es que el alcance de mis clichés siempre me convertían en el personaje antagónico que rivalizaba con la belleza falsa y la virtud de la protagonista virginal de cualquier telenovela mexicana y ahora hasta me sorprendo de mi bonito querer. 


Como Benedetti, sin buscar nada me fueron a encontrar, para enseñarme que el invierno tiene más colores, que fumar no es bueno, que mi inglés es descaradamente fluido después de tomar tequila y que lo romántico de acostarse está en dormir.  
Un mes después, chocolates con mi nombre encontró y ésa es mi modesta justificación para explicar porqué se me descontrola la emoción. 
Después de 128 horas caí en cuenta que México y San Francisco sólo se besan en Madrid y por esa razón hay días que se me llenan los ojos de angustia, río mientras lloro y por las noches hasta escucho a Sanz.


En fin, a mi regreso encontré este lugar lleno de pura basura orgánica, yo nada más espero que algún día le salgan florecitas, conocer Puerto Rico y volver a verlo o volverlo a ver.  



Continuará... (o eso me prometió el tarot)