miércoles, 8 de agosto de 2012

Tengo ideas para nosotros, pero no a nosotros.

Hoy de pronto fue otoño y me llegó la enfermedad emocional que se da cuando la luna se pone cursi y solo de verla te llegan los recuerdos de señorita adolescente que padecí alguna vez, cuando a mis trece años las caminatas por la colonia sellaron mi destino.  
Nunca he sido buena con recordar fechas, ni números de teléfono, ni edades, ni cumpleaños; ni siquiera soy capaz de saber si el mes en curso tiene treinta o treinta y un días. 

En fin, no soy buena para recordar números, pero la nostalgia que se me atora en la garganta, me hace recordar el único número de teléfono que aún me se; uno que tiene nombre y tiene  unos veintiocho o treinta veranos vividos -nunca lo he sabido y supongo que jamás lo sabré-. 

Me es más fácil entender la explicación de los mayas o la religión acerca del fin del mundo, las huelgas en Chile, a mi madre enojada por razones ilógicas, los bloques en latinoamérica, la tercera posible guerra mundial en todo continente y hasta las elecciones en México.  Todo eso lo puedo comprender, pero no entiendo porque su número está clavado en mi memoria selectiva y mi corazón se hace chiquito de recordarlo a él . 
Entonces me doy cuenta que es mejor no pensarlo, escapar a ratos, entrar en temas que comprendo más; porque entendí que cuando sabes de amor, se sabe de sobra que lo mejor es guardar silencio
Y es eso lo que he hecho en todos estos años, guardar silencio para no caer en el peligro de buscarlo. 

Siempre tuve grandes ideas para estar con él, pasar más de ocho horas juntos y entendernos para enamorarnos de verdad. Pensaba en acomodar nuestras vidas y ser libre para dar unos pasos y besarlo, hacer un reloj de arena que durara una eternidad y así estar juntos. Siempre tuve ideas para nosotros pero no a nosotros.. 
Nunca se lo he dicho y no pienso hacerlo, porque  se sabe que las palabras no curan el corazón. 
Un día se nos escapo el sentir por las manos y no volvimos a saber querer. 
Pero no importa, todavía no importa porque aún tengo fe; porque él conoce la paciencia y a mi no me gusta perder. 

Así que prefiero no saber nada de él hasta el día que deje de ser restringido.
Que sea inesperado, que yo sea más bella y no sepamos guardar silencio; que el reloj de arena dure una eternidad y mi edad sea la adecuada para entenderlo a él. 

lunes, 6 de agosto de 2012

Teorías para bostezar


Hay teorías de todo y para todos, algunas están esperando a que alguien las diga y otras que están hartas de ser tan repetidas. Son el reflejo de algunos relatos inteligentes, cursis, burlones o guarrones que alguna vez fueron pensamientos de personas inteligentes, cursis, etc. 
De pensamientos a relatos, de relatos a teorías sólo hace falta que la estrella intelectual, el rockstar guanábana, la madre preocupada, el escritor inculto, el estudiante de ojitos pispiretos o la mujer enamorada las diga para que sean escuchadas. 
Por eso  hay personas que necesitan escuchar para poder leer y hay otras que ni escuchan ni leen. 
Hay teorías que vale la pena escuchar porque te saben a que comprenden lo que callas, a que contestan lo que preguntas, a que te cantan lo que quieres ser, a que te gustan como dos que se besan en la misma cama. Como la diversidad, hay teorías que simplemente son otras. 
A mi me gustan las teorías con cinismo decente que me dicen lo que soy, un poquito en silencio, tantito y aveces en bajito. 
Sucede que si me las repiten demasiado prefiero confundirme en otra estructura social, convertirme en el empacho de otro, para pasar a ser de las que ni escuchan ni leen.
Mi teoría es la siguiente:
Si escucho las misma teoría muchas veces, me pasa como cuando escucho la misma canción por vigésima octava vez, ya no me sabe a nada. 

martes, 10 de julio de 2012

Mi depresión postvacacional



Tengo una depresión postvacacional, una inmensa depresión moderna que se da cuando te vas de vacaciones y no sólo regresas a la rutina, sino que regresas para escuchar que es probable que el próximo presidente de tu tan maltratado país sea  el mismísimo lucifer. 
Pero no quiero ahondar en el tema, ya tan manoseado. 

La tristeza se viene después de largos días de inmensa felicidad en la playa. Y con esto no quiero decir, que me enamoré furtivamente de un gringo cinco años mayor que yo, que se depila la espalda y toma vodka con arándano. Por supuesto que no. 

La depresión se viene cuando regresas a la ciudad después de haber nadado con el ex en alguna playa de  Oaxaca.
Lo interesante está en que después de haber visto una película gringa, (de esas que no se ven el cine), descubrí que "el ex" que yo tengo, no es un ex cualquiera. 
Aquí va el asombro, descubrí que es mi "fellow partner" algo así como el compañero de tu vida, ése con el que te tatuarías el rostro expresivo de Thom Yorke en el brazo, o alguna jalada de ese tipo. 

La cuestión es, que comprendí que no es necesario llorar al mismo tiempo para darse cuenta que dos personas se entienden, pero es invariablemente necesario que dos personas se rían al mismo tiempo, para comprobar que pueden pasar el resto de sus días juntos, al menos para caminar por el malecón juntos de la mano. 

Yo te amo porque no es necesario estar contigo para tenerte. 

lunes, 4 de junio de 2012

Encontrarse a uno mismo en tiempo de elecciones


Tratando de revivir este lindísimo blog por más de un año, y temo decir que trabajo me está costando porque no es lo mismo hace dos años que hace uno y con tanta información ya está muy difícil que sus costumbres tecnológicas se quieran acercar a mis palabras.
Que han pasado muchas cosas y a la vez nada, porque aquí estoy de nuevo como banquita de parque público, bien apartada escuchando las historias de todos y esperando a que alguien se digne a preguntarle a la banca de que color le gustaría que la pintaran. Tonterías del surrealismo moderno.

Habrán de saber que sus abuelos no tenían tiempo para andar pensando en "como encontrarse a ellos mismos" y a la vez andar leyendo las mamadas de Deepak Chopra.
Y es que ahora, como todos andan muy inmersos en la política, no hay manera de "encontrarse a uno mismo" si  andamos primero buscando a quién elegir para que nos jodan. 

Disculpen si los temas son variados, pero es que ya no encuentro la concentración ni el baño, porque en todo este año, ya escuché una cantidad moderada de discos completos que no le gustan ni a mi mejor amigo, no he reído la misma cantidad de veces que he llorado, ni he besado a un solo hombrecito decente para presentarle a mi padre. 

Todo esto se escucha trágico y sí lo es, sobre todo en las mañanas, porque cuando llega la noche las ganas de encontrarse a uno mismo se quitan y ya andan todos pensando a dónde van a bailar. 

En fin, todo esto de la "encontradera" sucede en la transición de escribir un relato donde se prevenga de enfermarse de estos males que yo pensaba solo padecía la gente "pudiente". 


miércoles, 6 de abril de 2011

Mis miércoles eran santos



Esto que escribí aproximadamente hace siete meses es un relato cursi casi innecesario, que describe lo que sucede cuando uno se enamora...


Y yo que me decido a ya no hablar de amor para que la cosa no se sale. Pero para ser bien honesta hasta trabajo cuesta y se empieza a respirar encerrado. 
Por eso me decidí  a hacerle caso a mi lado menos revelador y empezar por aceptar que hay cosas que no se pueden tapar.
Uno que se hace la tonta tratando de no aceptar lo que se está sintiendo.
Pero vamos de gane; estoy aceptando la entendedera que hay entre los dos y hasta cursi me estoy volviendo. 

Confieso, que cuando  lo veo cerquita y es temprano hasta trabajo  me cuesta hablarle, y es que por las mañanas me siento  incapaz de verle bonito y finjo que me aburro. Por las tardes, si es que hay empacho de besos hasta el agua de melón me sabe rico. Por eso mis Miércoles pasaron a ser santos.
Para ser bien honesta cuando las cosas llegan cuando no te lo esperas, hasta mas sorpresa te da y los delirios de uno se ponen juguetones en otro; y eso sí que es re sagrado. 

Así que nomás pido que no manoseen mi enamoramiento, porque así es la cosa, la cosa loca, lo imprevisible, lo restringido, lo que se te viene encima; o nomás te roza la complicidad y ya se te hizo. 
Lo inevitable es que hasta los más vacíos, los desapasionados, los censurados, los muy libres, los renegados, los cortos de palabras y hasta los líricamente desmadrados se conmueven. 
Por eso yo le digo que hay que conmovernos juntos, por todo; nomás así, juntitos.

Puede ser consecuencia de los besos, que la saliva sea pegajosa y altamente tóxica por eso del delirio que uno ya no se quiera soltar. 
Al final es saliva. Malo que se ande uno enamorando.  


Y así fue; me manosearon el enamoramiento me desintoxique de oxitocina y recordé que hay músicos que hacen música bien fea desde que están enamorados. 
No vaya a ser. 

domingo, 6 de marzo de 2011

Dentro de tres días

Hoy me desperté normal. Con los mismo ojos y el mismo cabello. Sin señales de que hoy fuera a llorar.
Cantaba enfrente de la computadora en tono permisible. "In the deepest ocean, the bottom of the sea, your eyes..." y así me seguí hasta que salieron las lagrimas. 
Lamentablemente no puedo entender el porqué de la lloradera. Prefiero llorar de la risa que andar llorando por lo que después me voy a reír. 

Pero es que me da por enamorarme cada tres días. Ningún hombrecillo con cara de pirata, nomás del acento de un chiapaneco que me dice "chaparrita". Por eso yo le digo que me lo diga más de cerquita. Pero como la confianza es mucha y las ganas pocas, todo se queda en puro susurro y beso en la mano. Después de todo se me quita lo enamorada en menos de lo que me termina de contar algún chiste bien elaborado. 

Todo esto para decir algo que hasta hace ratito se me olvido. 

Y es que tu no estás para saberlo pero ya hasta se me quitaron las ganas y las ideas para seguir escribiendo. Ha de ser a causa de alguna variación posmoderna por inicio de mes o algún síndrome de ausencia que se quita con dormir. 

Así que por esta noche eso haré, desando muy fuerte no llegar a enamorarme cada cuatro ni dos días. Que sean tres para que haya congruencia entre lo que escribo, lo que hago, lo que deseo y lo que pienso. 
Por ahora el enamoramiento solo es por "The King of Limbs". Contaré los días para ver que pasa cuando sean tres. 

A ver si mi voluntad logra que duerma sin la necesidad de andar pensando en deseos incoherentes. Y si no es así, al menos que me quite las ganas de besar. 

viernes, 18 de febrero de 2011

Registro de cambios "La Carlita"

Yo ando sin parar.
Escuchando lo que no hacía desde que me compré mi primer cajetilla de cigarros, esos que no te terminabas tu solo, esos que te fumabas por la ventana para que no llegara la evidencia hasta otras puertas. 

Ahora noto que tanta evidencia tan temprana me hizo con personalidad. Mientras a ellos les crecían las piernas y a ellas les aumentaba el busto, a mi me crecía la sinceridad, la desconfianza y la aptitud para decir estupideces de las que la gente se ríe. 
Ninguna aptitud fuera de lo normal. Sólo una cartita que me regalé cuando tenía once años, según yo para abrirla a los dieciocho. 
Ya dieron los dieciocho, los diecinueve, ya mero los veintiuno y a mi se me hace el corazón chiquito nomás de pensar en abrirla. 
Me veo leyendo lo que soñaba a los trece y me da un terror decepcionar a "la Carlita"; la misma Carlita que a los seis se enamoro de Paquito. 

Primero me detenía el tiempo porque todavía no era hora de abrirla, después que mejor la abría cuando me pusiera bonita, y por último que cuando fuera un buen momento. Yo creo que aquí a mis ojos, se me ocurría que para estas horas yo ya la había abierto en Río de Janeiro; pero ni Río ni la cartita. 

Así que nada más me queda esperarme a que se me olvide un poquito más, por eso de mi  memoria selectiva. 
Yo me abstengo de cualquier cercanía al sobrecito porque en una de esas la abro y me quedo con los "ojazos" llenos de lagrimillas. 

De llorarle a la cartita en mi recámara, mejor me aguanto a llorarle en Italia.
¡Aplauso para la cartita!