Prefiero que me tachen de inocente para no hacer corajes, pero hay veces que hasta el niño más noble duda de los magos. Tendré que correr el riesgo de desilusionarme por eso de que la magia no existe.
No hay duda que a veces hasta el conejo desconfía del sombrero, el mago del conejo y al rato ya hay dos magos y dos conejos que hacen el mismo truco. Por eso habrá que andarse cuidando de que nuestro conejo no ande diciendo lo que nuestro mago interno piensa.
Que fácil es que el méndigo conejo ande pidiendo los aplausos del mago.
Bueno, pues yo no me quiero sentir a medias cuando me de cuenta de que ni el sombrero es de verdad.
Así que de una vez saco un poco el coraje atorado porque puede que entre las letras haya un insulto momentáneo.
Lo difícil es creer en el truco y lo interesante es que hay gente que sabe diferenciar entre el bueno y el que está muy esmerado para lograr eso de los aplausos.
Y si es que aplauden, no sonrían.
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