domingo, 8 de junio de 2014

El gato que está triste y azul

                                                                      “Carla se escribe con C”.
                                                                                 Mi papá



Es la primera vez que escribo primero el título antes que el relato.
Supuse en un principio que no hay y no existe manera de comenzar a contar mi historia más triste. Pero aquí estoy; de nuevo frente a mi terapia más efectiva sin saber como comenzar.

“El gato que está triste y azul” es la canción que escuché desde que era pequeñita; nunca entendí lo que -Roberto Carlos- quería decir, pero me quedó grabado en la mente que existían gatos tristes y aunque pareciera increíble también eran azules.
Y así también desde pequeñita entendí que existían papás con cabello blanco y mientras todos los niños pensaban que mi papá era Santa Claus o mi abuelo, yo no me cansaba de repetirles que ni Santa, ni mi abuelo. Simplemente mi pá.
También entendí que existían kilómetros de distancia que nos separaban y aún por teléfono me dabas la bendición.
Entendí que tenía que reír contigo cuando contabas chistes para que no rieras solo. -Me daba más risa escuchar tu risa que el propio chiste-.
Entendí que para ti hat-dog era lo mismo que hot-dog y que cuando hablabas de la jaletina te referías exactamente a la gelatina. 
Entendí que decir “güey” era lo proporcional a que te molestaras conmigo.
Entendí que me querías hasta cuando te enojabas y nos separaban kilómetros de orgullo entre los dos. Y que un abrazo tuyo era lo equivalente a decirme lo mucho que amabas.
También entendí que nuestras circunstancias eran distintas y que aún así lloramos juntos el día que me gradué.
Entendí que no existe otro hombre en el planeta que se asemeje a la valentía que siempre tuviste. Ni mucho menos al amor y al apoyo que me brindaste.

Ahora, quisiera entender por qué no te abrasé más fuerte el último día que te vi y por qué no hablé lo suficiente.
Saber que ya no estas, se siente como un nudo caliente en la garganta, en la boca del estómago. Se siente un escalofrío constante cuando escucho tu nombre.
Hay días que logro entenderlo todo y me resigno a saber que ya no estás. También existen días como hoy que no entiendo nada y siento que dejamos descompuesto nuestro corazón y nunca lo pude reparar.
Hay días que me lleno de hubieras que no llegan a sanar nada.

Así existen días; de nudos en la garganta y de gatos tristes y azules.

Te amo hasta siempre pá.


sábado, 15 de marzo de 2014

Comenzar a entender

Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. 
José Ortega y Gasset. 

Todo sería más fácil si las únicas decisiones que tuviéramos que tomar se basaran en elegir entre tomar whisky o escuchar folk. Quizás simplemente elegiría las dos. 
La verdad o rectifico; la cabrona verdad es, que cuando sea grande, nunca dejaré de preocuparme por las decisiones que debo tomar, para no convertirme en una hermosa hipersensible, inadaptada y freak. Es de mis pendejos miedos más grandes y probablemente el de muchos. 
Entender que hay gente para todo; en términos formales, hay muchos episodios de vida y algunos son mayormente aventureros y otros simplemente son. 
Probablemente los míos simplemente sean,  pero son muy para mí. Como diría Drexler  "la vida es más compleja de lo que parece".

Existe un largo etcétera de porqués en la vida de todos, los míos son incontables y nunca sé contar mis historias con mucho detalle. Porque a veces  duelen y a veces se convierten en episodios fantasiosos que cuestan trabajo respirar. En parte, por un pequeño genuino sufrimiento sobre la existencia y lo otro por un poquito de querer llorar; que hace falta, mucha falta, cuando tus etcéteras se quedan en silencio. 
De nudos en la garganta lo sé todo y me terminan gustando. Como cuando te duele pero se quiere seguir; pues, ¿qué haríamos si paramos de hacer lo que más nos gusta simplemente porque nos empieza a doler?

Así resumo la vida. Que nos duela tantito para que nos guste más. 


miércoles, 16 de octubre de 2013

"La vida es tan bonita que parece de verdad"

Hace un año me encontraba en otro continente, donde el viento sopla en sentido contrario y las palabras se escuchan diferente. Vivía justamente para descubrir nuevos lugares y conocer la mayor cantidad de personas en corto tiempo. 
Me entretenía buscando sabor a todo lo que comía, me acompañaba de dos amigos maravillosos que reían todo el día y la música se ajustaba a mi ánimo de quinceañera feliz.    
Es un hecho que hace un año era más joven y la coca cola sabía igual.

Cumplí 23, dejé de ser estudiante y comenzó la vida adulta; decidí integrarme a las normas sociales y dejar la vida contemplativa. 
-Sólo de pensarlo los ojos se me ponen serios y se me vienen cinco años de chingadazo. -
Así que a dos meses de que mi edad cambiara, decidí dar un salto. Uno no muy largo, pero que conlleva una maleta de 25 kilos, una mochila, una computadora y un avión que aterrizó muy cerca de la playa. 
La incertidumbre duerme junto a mi y la seguridad se amanece conmigo cuando me doy cuenta que este pequeño lugar, me está brindando todo lo que siempre había planeado para mi. 
Ahora se me juntan un montón de sentimientos y me dan ganas de ser como Fito para estar al lado del camino. Tomar una botella de vino y ver el amanecer a la orilla del mar. 

Sólo me queda asegurar que, "la vida es tan bonita que parece de verdad".  

Frase de la película "Carmina o revienta". 

jueves, 22 de agosto de 2013

Para románticos no empedernidos, es decepcionante...

Amar al mismo tiempo pero no compartir el mismo lugar o amar en destiempo; amar antes, amar primero o amar después, pero nunca al mismo tiempo. 

Entender esta hermosa ironía y fumarse un cigarro para no llorar. 



martes, 25 de junio de 2013

Si quieres


Si quieres
hablamos
o nos pensamos
nos escondemos
te busco
o nos miramos
nos queremos
y nos prometemos algo
o nada
si quieres me voy
nos olvidamos 
contamos una historia diferente 
y ya está.


sábado, 18 de mayo de 2013

Si yo fuera hombre


Si fuera hombre, sería un snob, con barba rasposa, cuerpo de dimensiones medianas, cejas pobladas, mirada profunda y un montón de falsa sabiduría para fanfarronear y enamorar a las mujeres. Tendría gusto por el amor didáctico y la belleza latina. 
Asumiría jamás casarme y buscaría mujeres alocadas, que no esperan a las segundas citas, que se ríen fuerte , se azotan en público y se emborrachan sin pudor. 

Si fuera hombre mis días serían muy divertidos, no culparía al género por falta de destreza al volante, viviría en la Roma o en la Condesa, tendría un montón de películas de arte para farolear y me autoproclamaría director de cine. Haría sesiones de fotos a mujeres desnudas, las llevaría a tomar vino para hablar de Lars von Trier sin que me entiendan. Se enamorarían de mi y yo las dejaría tan pronto se me acabara el cigarro. 
Si fuera hombre sería uno muy ejemplar, tendría un karma de la chingada pero me relajaría más. 


Que no se malentienda, a mi esos gustos se me quitaron a los 19 y ahora solo lloriqueo porque llevo dos meses sin comer chocolate. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Del día que lloramos juntos con la certeza de volvernos a ver



De la serie; te dejé Madrid para regresar a Puebla. 

Me fui con más de cinco razones para regresar, seis kilos arriba y tres centímetros más de cabello. 
Regresé y la incertidumbre le está dando la bienvenida a la vida adulta y yo con las mismas preguntas ridículamente existenciales. 

Me entiendo descontrolada, entre mi entusiasmo por volver a verlo y  las adversas circunstancias sociales que falsamente  le dan la vuelta al mundo. 
En tierras lejanas uno se vuelve más libre en la cuestión emocional y fácilmente te dejas empalagar por los bonitos paisajes que se cruzan.
Me obligaba a conocer lugares nuevos por semana y me convertí en turista experta en comer y reír. Estudiante mexicana, maestrasa en cagarla cuando había que hablar claro castellano y por sobre todas las cosas; chavita frustrada por mi incapacidad de gritar las cosas que sentía en el estómago, cuando el hombrecito con  ángel en el nombre, me veía con eso que yo creía era algo parecido al "encanto pasajero". 
Ése que se da, cuando sabes que se tiene el tiempo contado y la supuesta querencia no sobrepasa fronteras, por aquello del ya tan manoseado amor a distancia del que se trata de alejar todo mundo. 


No puedo alegar mi modesto sentir; pero es que el alcance de mis clichés siempre me convertían en el personaje antagónico que rivalizaba con la belleza falsa y la virtud de la protagonista virginal de cualquier telenovela mexicana y ahora hasta me sorprendo de mi bonito querer. 


Como Benedetti, sin buscar nada me fueron a encontrar, para enseñarme que el invierno tiene más colores, que fumar no es bueno, que mi inglés es descaradamente fluido después de tomar tequila y que lo romántico de acostarse está en dormir.  
Un mes después, chocolates con mi nombre encontró y ésa es mi modesta justificación para explicar porqué se me descontrola la emoción. 
Después de 128 horas caí en cuenta que México y San Francisco sólo se besan en Madrid y por esa razón hay días que se me llenan los ojos de angustia, río mientras lloro y por las noches hasta escucho a Sanz.


En fin, a mi regreso encontré este lugar lleno de pura basura orgánica, yo nada más espero que algún día le salgan florecitas, conocer Puerto Rico y volver a verlo o volverlo a ver.  



Continuará... (o eso me prometió el tarot)



martes, 15 de enero de 2013

"Querida Carla"

Aquí el texto de la carta audiovisual que Carla le escribió a Carla del futuro durante su estancia en Madrid. 


Querida Carla o mejor dicho, querida yo del futuro. 
Esta ocasión en vez de escribirte una carta, te he hecho un video para decirte lo que probablemente en diez o veinte años no recuerdes. 
Cuando tenía once años, te regalé una cartita que según yo abrirías a los dieciocho o antes de que se acabara el mundo. Dieron los veintidós, el mundo no se acabó y hace unos días abrí la famosa cartita  Fue un gusto leerte y recordar cuando eras pequeña. 

Esta vez la sorpresa está, en que aquí estoy; hablándote en un video para que me recuerdes cuando estuve en España. Seguramente aún tendrás presente lo que viviste, pero aquí te digo un poco de lo que sucedió  por aquello de nuestra memoria selectiva.

Ésta es la vista desde la ventana de mi habitación, es super linda y me encanta ver los atardeceres. 
Voy en autobús para la facultad, me gusta ir en él porque puedo conocer la ciudad.  
Confieso que ahora le he encontrado filosofía al trayecto; antes me agarraba de algo para no resbalarme, me pegaba del lado más seguro sin percance de caerme, pero brutalmente me di cuenta que así la vida se volvió aburrida. Ahora he decidió quedarme en el pasillo, donde el riesgo de caer es alto pero si me mantengo atenta vivo un poquito más. 

En Madrid he realizado los ya conocidos recorridos de turista. Sol, la Plaza mayor, Cibeles, el Museo del Prado, el Reina Sofia, el Museo del jamón... bueno eso ya es otra cosa, pues seguramente recordarás que lo hago con demasiado continuidad desde que estoy en Madrid, es comer.
Seguramente el clima, la gente y ver tanta comida en todas partes hacen que me de hambre. 

Éste lugar es muy lindo, podría decir que es más frío, hay mucha gente,  pero eso lo hace atractivo. La gente reparte dobles besos cuando te saluda, en las calles la gente baila, toca música y cuenta chistes.
Los días pasan más rápido y supongo que eso sucede porque la estoy pasando bien o porque como dirían en México, estoy viviendo a 7 horas del futuro. 

Llegué con la esperanza de encontrar aquí lo que no encuentro en otra parte. La incertidumbre y mis buenas intenciones hacen que  encuentre eso que andaba buscando. 
Y sí, la vida me ha sorprendido tanto que desde que estoy aquí que aprendido a perderme y debo decir que es el primer paso para comenzar con la parte divertida de esta ciudad. 

Con paisajes como estos, es inevitable sonreír...
La inspiración invernal europea de la que hablan algunos escritores llegó hasta diciembre, sobre todo cuando por primera vez vi nevar...bueno si a eso le podemos llamar nieve.  

En fin, desde entonces puedo decir que la vida se tornó más divertida.  
Río varias veces al día y me da gusto viajar a lugares que si no me sorprenden sirven de inspiración para poder contar historias, pues estoy segura que es inevitable que hasta los más vacíos y los desapasionas tendrán algo bueno que contar de esta experiencia.  

Bueno, pues te dejo. A mi me queda un mes en Madrid y muchos lugares por conocer. Yo, sólo espero que cuando veas esto nos recuerdes y donde quiera que estés te den tantas ganas de regresar como las que yo tengo ahora de quedarme, para conocerme más. 

--------------------------------------------------------------------

Aquí el resultado audiovisual de éste afligido e inspirador texto. 
Supongo que a Carla del futuro le conmoverá verlo y envidiará a la autora por su juventud. 


Y si nos gusta, pues habrá que conmovernos juntos, para hablar de nuestras nostalgias, recordar hermosas ciudades lejanas y batallas ganadas de cuando éramos jóvenes; más jóvenes que hoy. 

miércoles, 2 de enero de 2013

A él o del personaje que me hizo muy feliz en un mirador de Lisboa.


La última vez que vi a  Eduardo, fue afuera de un hostal, con un mirador a nuestros ojos y un paraguas que nos tapaba la vista. 
¡Qué mala suerte la nuestra!
Para conocer un lugar se necesitan días soleados y un par de buenos tenis que aguanten la subida y bajada de ejemplares castillos y torres.
Se nos nubló una horas el día,  estoy segura que en aquel hermoso lugar me iría a vivir  cuando me convierta en mujer atormentada. Seguramente la gente y las caminatas por hermosas calles me harían una señora más bella. 

Él, que tiene debilidad por el amor didáctico y las mujeres con culo de catedral, se le ocurrió distraerse conmigo unos días para probar el bacalao, comer chocolates y quitarnos lo dulzón con una Coca cola. 
Caminamos bellas calles por cinco meses, discutimos sobre las circunstancias sociales de nuestro mundo, cantamos después de varias cervezas y nos agarramos cariño bonito, del que se envidia y no se da en los árboles. 
Él, me hizo personaje de un cuento corto, divertidísimo y con enseñanzas de novela. 

A él, le gusta caminar, beber hasta que comience un nuevo día, recibir amigos en casa, cantar, tocar la guitarra y reír mientras se fuma un cigarro. 
Su mejor virtud; cocina como chef, entiende a una mujer distraída y sabe escuchar como ningún otro. Dirían algunos de este lado del atlántico; "es un hombre ejemplar". 

A él, que sabe leer un mapa, le confié mis secretos más dramáticos y aburridos. 
Nos hicimos muy felices.
A él, le deseo felicidad eterna, una mujer bellísima y que regrese pronto a México para ver a sus sobrinos. 


A él, siempre. 
En fin, nos gusta escuchar a John Mayer y nos queremos mucho. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Un ridículo "chick-flick" en Madrid

El relato que viene a continuación no es un melodrama. Es un chick flick mexicano en España, con un hermoso principio y un final tan predecible como canción de Timbiriche. 

Ayer me dijeron que no existe el "me gustaría", ni el "quiero" y del "hubiera" no hablamos porque no entra en nuestro léxico.
Lo que se quiere se debe estar haciendo y así me pasó por primera vez.
Queriendo desde los catorce años reencontrarme con el amor platónico y en España me vino a encontrar. Años y años que me duraron las ganas de verlo por guapo muy guapo. 
Sin querer lo vine a encontrar a mis veintidós. Guapo más guapo, alto, con la mirada profunda, la sonrisa coqueta, el andar seguro, la actitud relajada y las palabras sueltas. De esos hombrecitos que no se conflictúan y cuando se enamoran, lo hacen de mujeres poco confundidas, acosadoras, que les da oso despeinarse y  desdeñosas de tipos descuidados. 
¡No lo juzgo! Si fuera hombre me gustaría una niña fresa para presentarle a mi madre y un amor platónico que le guste despeinarse.
O sea.

En fin, cuando las manos se ajustan a la primera, es casi seguro que los besos se coordinan y por esa hermosa razón, pasaré tres días más sonriendo como babosa. 
Así, bien cursi. Ya sé. 
El cuento nos duró un día y en mi cabeza tres. Soy de fácil desenamoramiento cuando no me enajeno. 

Una vez más, compruebo que tengo imán para lo poco probable, lo corto de tiempo, lo incierto y platónico; siempre platónico…

Mi conflicto está en que no tengo disciplina de acosadora, no me da oso despeinarme y  me enajeno hasta el hartazgo cuando algo me gusta mucho. 



lunes, 15 de octubre de 2012

Mentiras madrileñas


En unos días se cumplirá un mes de mi estancia en Madrid y después de realizar los ya conocidos recorridos de turista, la segunda cosa que hago con demasiada continuidad, es comer. 
Ningún platillo elaborado; la economía no da para más que dos comidas al día, cereal de postre y Coca-Cola los domingos.   
Seguramente el clima, la gente  y la desconfianza hacen que me de hambre. Probablemente  es la ansiedad de saberme en un lugar donde la gente te mira a los ojos y te dice "hasta luego" con la certeza de jamás volverte a ver. 
Un "hasta luego" que con los ojos grita "bye, chao, adiós, hasta nunca". 
Es un hecho que el "hasta luego" de España no es igual que en México. 
Mentiras gratuitas madrileñas.
Puras falsas promesas de los españoles al decir "hasta luego", sabiendo que sus besos dobles son despedidas sin esperanza de reencuentro. 

Por lo pronto he pasado los días contando que el tiempo se pasa más rápido, sintiendo el viento que sopla más hacia mi izquierda y escuchando folk ridículo que sólo nos gusta a algunos. 
Si algo he aprendido, es a perderme y debo decir que es el primer paso para comenzar con la parte divertida de esta ciudad. 
Que las cosas bonitas han llegado solas y las malas me las encuentro por pura mala decisión. 
De las inmundicias y pecados que he cometido no hablaré, pues mis nuevas experiencias no me dan para escribir con perfil de mujer vivida, viajada y medicada por el desamor. 

Yo, sólo espero que en diciembre se me quite el hambre y me llegue la inspiración invernal europea de la que hablan algunos escritores. 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Tengo ideas para nosotros, pero no a nosotros.

Hoy de pronto fue otoño y me llegó la enfermedad emocional que se da cuando la luna se pone cursi y solo de verla te llegan los recuerdos de señorita adolescente que padecí alguna vez, cuando a mis trece años las caminatas por la colonia sellaron mi destino.  
Nunca he sido buena con recordar fechas, ni números de teléfono, ni edades, ni cumpleaños; ni siquiera soy capaz de saber si el mes en curso tiene treinta o treinta y un días. 

En fin, no soy buena para recordar números, pero la nostalgia que se me atora en la garganta, me hace recordar el único número de teléfono que aún me se; uno que tiene nombre y tiene  unos veintiocho o treinta veranos vividos -nunca lo he sabido y supongo que jamás lo sabré-. 

Me es más fácil entender la explicación de los mayas o la religión acerca del fin del mundo, las huelgas en Chile, a mi madre enojada por razones ilógicas, los bloques en latinoamérica, la tercera posible guerra mundial en todo continente y hasta las elecciones en México.  Todo eso lo puedo comprender, pero no entiendo porque su número está clavado en mi memoria selectiva y mi corazón se hace chiquito de recordarlo a él . 
Entonces me doy cuenta que es mejor no pensarlo, escapar a ratos, entrar en temas que comprendo más; porque entendí que cuando sabes de amor, se sabe de sobra que lo mejor es guardar silencio
Y es eso lo que he hecho en todos estos años, guardar silencio para no caer en el peligro de buscarlo. 

Siempre tuve grandes ideas para estar con él, pasar más de ocho horas juntos y entendernos para enamorarnos de verdad. Pensaba en acomodar nuestras vidas y ser libre para dar unos pasos y besarlo, hacer un reloj de arena que durara una eternidad y así estar juntos. Siempre tuve ideas para nosotros pero no a nosotros.. 
Nunca se lo he dicho y no pienso hacerlo, porque  se sabe que las palabras no curan el corazón. 
Un día se nos escapo el sentir por las manos y no volvimos a saber querer. 
Pero no importa, todavía no importa porque aún tengo fe; porque él conoce la paciencia y a mi no me gusta perder. 

Así que prefiero no saber nada de él hasta el día que deje de ser restringido.
Que sea inesperado, que yo sea más bella y no sepamos guardar silencio; que el reloj de arena dure una eternidad y mi edad sea la adecuada para entenderlo a él. 

lunes, 6 de agosto de 2012

Teorías para bostezar


Hay teorías de todo y para todos, algunas están esperando a que alguien las diga y otras que están hartas de ser tan repetidas. Son el reflejo de algunos relatos inteligentes, cursis, burlones o guarrones que alguna vez fueron pensamientos de personas inteligentes, cursis, etc. 
De pensamientos a relatos, de relatos a teorías sólo hace falta que la estrella intelectual, el rockstar guanábana, la madre preocupada, el escritor inculto, el estudiante de ojitos pispiretos o la mujer enamorada las diga para que sean escuchadas. 
Por eso  hay personas que necesitan escuchar para poder leer y hay otras que ni escuchan ni leen. 
Hay teorías que vale la pena escuchar porque te saben a que comprenden lo que callas, a que contestan lo que preguntas, a que te cantan lo que quieres ser, a que te gustan como dos que se besan en la misma cama. Como la diversidad, hay teorías que simplemente son otras. 
A mi me gustan las teorías con cinismo decente que me dicen lo que soy, un poquito en silencio, tantito y aveces en bajito. 
Sucede que si me las repiten demasiado prefiero confundirme en otra estructura social, convertirme en el empacho de otro, para pasar a ser de las que ni escuchan ni leen.
Mi teoría es la siguiente:
Si escucho las misma teoría muchas veces, me pasa como cuando escucho la misma canción por vigésima octava vez, ya no me sabe a nada. 

martes, 10 de julio de 2012

Mi depresión postvacacional



Tengo una depresión postvacacional, una inmensa depresión moderna que se da cuando te vas de vacaciones y no sólo regresas a la rutina, sino que regresas para escuchar que es probable que el próximo presidente de tu tan maltratado país sea  el mismísimo lucifer. 
Pero no quiero ahondar en el tema, ya tan manoseado. 

La tristeza se viene después de largos días de inmensa felicidad en la playa. Y con esto no quiero decir, que me enamoré furtivamente de un gringo cinco años mayor que yo, que se depila la espalda y toma vodka con arándano. Por supuesto que no. 

La depresión se viene cuando regresas a la ciudad después de haber nadado con el ex en alguna playa de  Oaxaca.
Lo interesante está en que después de haber visto una película gringa, (de esas que no se ven el cine), descubrí que "el ex" que yo tengo, no es un ex cualquiera. 
Aquí va el asombro, descubrí que es mi "fellow partner" algo así como el compañero de tu vida, ése con el que te tatuarías el rostro expresivo de Thom Yorke en el brazo, o alguna jalada de ese tipo. 

La cuestión es, que comprendí que no es necesario llorar al mismo tiempo para darse cuenta que dos personas se entienden, pero es invariablemente necesario que dos personas se rían al mismo tiempo, para comprobar que pueden pasar el resto de sus días juntos, al menos para caminar por el malecón juntos de la mano. 

Yo te amo porque no es necesario estar contigo para tenerte. 

lunes, 4 de junio de 2012

Encontrarse a uno mismo en tiempo de elecciones


Tratando de revivir este lindísimo blog por más de un año, y temo decir que trabajo me está costando porque no es lo mismo hace dos años que hace uno y con tanta información ya está muy difícil que sus costumbres tecnológicas se quieran acercar a mis palabras.
Que han pasado muchas cosas y a la vez nada, porque aquí estoy de nuevo como banquita de parque público, bien apartada escuchando las historias de todos y esperando a que alguien se digne a preguntarle a la banca de que color le gustaría que la pintaran. Tonterías del surrealismo moderno.

Habrán de saber que sus abuelos no tenían tiempo para andar pensando en "como encontrarse a ellos mismos" y a la vez andar leyendo las mamadas de Deepak Chopra.
Y es que ahora, como todos andan muy inmersos en la política, no hay manera de "encontrarse a uno mismo" si  andamos primero buscando a quién elegir para que nos jodan. 

Disculpen si los temas son variados, pero es que ya no encuentro la concentración ni el baño, porque en todo este año, ya escuché una cantidad moderada de discos completos que no le gustan ni a mi mejor amigo, no he reído la misma cantidad de veces que he llorado, ni he besado a un solo hombrecito decente para presentarle a mi padre. 

Todo esto se escucha trágico y sí lo es, sobre todo en las mañanas, porque cuando llega la noche las ganas de encontrarse a uno mismo se quitan y ya andan todos pensando a dónde van a bailar. 

En fin, todo esto de la "encontradera" sucede en la transición de escribir un relato donde se prevenga de enfermarse de estos males que yo pensaba solo padecía la gente "pudiente". 


miércoles, 6 de abril de 2011

Mis miércoles eran santos



Esto que escribí aproximadamente hace siete meses es un relato cursi casi innecesario, que describe lo que sucede cuando uno se enamora...


Y yo que me decido a ya no hablar de amor para que la cosa no se sale. Pero para ser bien honesta hasta trabajo cuesta y se empieza a respirar encerrado. 
Por eso me decidí  a hacerle caso a mi lado menos revelador y empezar por aceptar que hay cosas que no se pueden tapar.
Uno que se hace la tonta tratando de no aceptar lo que se está sintiendo.
Pero vamos de gane; estoy aceptando la entendedera que hay entre los dos y hasta cursi me estoy volviendo. 

Confieso, que cuando  lo veo cerquita y es temprano hasta trabajo  me cuesta hablarle, y es que por las mañanas me siento  incapaz de verle bonito y finjo que me aburro. Por las tardes, si es que hay empacho de besos hasta el agua de melón me sabe rico. Por eso mis Miércoles pasaron a ser santos.
Para ser bien honesta cuando las cosas llegan cuando no te lo esperas, hasta mas sorpresa te da y los delirios de uno se ponen juguetones en otro; y eso sí que es re sagrado. 

Así que nomás pido que no manoseen mi enamoramiento, porque así es la cosa, la cosa loca, lo imprevisible, lo restringido, lo que se te viene encima; o nomás te roza la complicidad y ya se te hizo. 
Lo inevitable es que hasta los más vacíos, los desapasionados, los censurados, los muy libres, los renegados, los cortos de palabras y hasta los líricamente desmadrados se conmueven. 
Por eso yo le digo que hay que conmovernos juntos, por todo; nomás así, juntitos.

Puede ser consecuencia de los besos, que la saliva sea pegajosa y altamente tóxica por eso del delirio que uno ya no se quiera soltar. 
Al final es saliva. Malo que se ande uno enamorando.  


Y así fue; me manosearon el enamoramiento me desintoxique de oxitocina y recordé que hay músicos que hacen música bien fea desde que están enamorados. 
No vaya a ser. 

domingo, 6 de marzo de 2011

Dentro de tres días

Hoy me desperté normal. Con los mismo ojos y el mismo cabello. Sin señales de que hoy fuera a llorar.
Cantaba enfrente de la computadora en tono permisible. "In the deepest ocean, the bottom of the sea, your eyes..." y así me seguí hasta que salieron las lagrimas. 
Lamentablemente no puedo entender el porqué de la lloradera. Prefiero llorar de la risa que andar llorando por lo que después me voy a reír. 

Pero es que me da por enamorarme cada tres días. Ningún hombrecillo con cara de pirata, nomás del acento de un chiapaneco que me dice "chaparrita". Por eso yo le digo que me lo diga más de cerquita. Pero como la confianza es mucha y las ganas pocas, todo se queda en puro susurro y beso en la mano. Después de todo se me quita lo enamorada en menos de lo que me termina de contar algún chiste bien elaborado. 

Todo esto para decir algo que hasta hace ratito se me olvido. 

Y es que tu no estás para saberlo pero ya hasta se me quitaron las ganas y las ideas para seguir escribiendo. Ha de ser a causa de alguna variación posmoderna por inicio de mes o algún síndrome de ausencia que se quita con dormir. 

Así que por esta noche eso haré, desando muy fuerte no llegar a enamorarme cada cuatro ni dos días. Que sean tres para que haya congruencia entre lo que escribo, lo que hago, lo que deseo y lo que pienso. 
Por ahora el enamoramiento solo es por "The King of Limbs". Contaré los días para ver que pasa cuando sean tres. 

A ver si mi voluntad logra que duerma sin la necesidad de andar pensando en deseos incoherentes. Y si no es así, al menos que me quite las ganas de besar. 

viernes, 18 de febrero de 2011

Registro de cambios "La Carlita"

Yo ando sin parar.
Escuchando lo que no hacía desde que me compré mi primer cajetilla de cigarros, esos que no te terminabas tu solo, esos que te fumabas por la ventana para que no llegara la evidencia hasta otras puertas. 

Ahora noto que tanta evidencia tan temprana me hizo con personalidad. Mientras a ellos les crecían las piernas y a ellas les aumentaba el busto, a mi me crecía la sinceridad, la desconfianza y la aptitud para decir estupideces de las que la gente se ríe. 
Ninguna aptitud fuera de lo normal. Sólo una cartita que me regalé cuando tenía once años, según yo para abrirla a los dieciocho. 
Ya dieron los dieciocho, los diecinueve, ya mero los veintiuno y a mi se me hace el corazón chiquito nomás de pensar en abrirla. 
Me veo leyendo lo que soñaba a los trece y me da un terror decepcionar a "la Carlita"; la misma Carlita que a los seis se enamoro de Paquito. 

Primero me detenía el tiempo porque todavía no era hora de abrirla, después que mejor la abría cuando me pusiera bonita, y por último que cuando fuera un buen momento. Yo creo que aquí a mis ojos, se me ocurría que para estas horas yo ya la había abierto en Río de Janeiro; pero ni Río ni la cartita. 

Así que nada más me queda esperarme a que se me olvide un poquito más, por eso de mi  memoria selectiva. 
Yo me abstengo de cualquier cercanía al sobrecito porque en una de esas la abro y me quedo con los "ojazos" llenos de lagrimillas. 

De llorarle a la cartita en mi recámara, mejor me aguanto a llorarle en Italia.
¡Aplauso para la cartita!

lunes, 7 de febrero de 2011

Sin querer

Traigo la tristeza atorada desde hace unas horas. 
Con ganas de ponerle corrector líquido a lo que quise, ése que no se puede quitar ni con tijeras porque se rompe la hoja. 
Así ando, con esas ganas.
De no volver a ver lo que quise, ni lo que pensé querer, ni lo que pensé tener. Acordándome de lo que nunca debí decir, de lo que nunca debí querer. 

No es que quiera que haya tragedia donde no la hay. Pero cuando se te desatora el asunto del amor, se me ponen los ojos serios y la voz como con ganas de llorar. Y hasta segura me siento de contarle mis cosas al cigarro. 
Pues como diría mi mamá, a mi quién me manda andar de confiada. 
El problema no es que confíe en los demás es que ni en mi pude confiar, aún sabiendo lo que iba a pasar. Por eso me caigo mejor cuando cuento chistes babosos. 
Ahora ni el cigarro me escucha y la historia de unos años se me viene de golpe. Se me para de puntitas en la mesa y hasta me besuquea. 
¡Y uno de confiada!
Por eso escribo la evidencia de que así estoy pensando para cuando se me olvide. 

Así, sin querer ves lo que no debiste y así, casi sin querer se te termina el amor. 

viernes, 4 de febrero de 2011